En los últimos años, la isla de Gran Canaria ha experimentado un notable incremento en la compraventa de viviendas, acompañado de una subida progresiva y constante de los precios del mercado inmobiliario. Este fenómeno, que ha captado la atención de residentes, inversores y expertos del sector, responde a una serie de factores interrelacionados que explican tanto el auge de la demanda como la presión sobre los precios.
Uno de los principales motores de este cambio ha sido la consolidación de Gran Canaria como un destino atractivo, no solo turístico, sino también residencial. Su clima estable durante todo el año, la calidad de vida, la seguridad y la mejora en las infraestructuras han convertido a la isla en un lugar idóneo para vivir, tanto para españoles como para extranjeros. En especial, ciudadanos del norte de Europa han encontrado en la isla un refugio ideal para residencias vacacionales o incluso traslados permanentes tras la jubilación. Este perfil de comprador suele disponer de un poder adquisitivo considerable, lo que ha contribuido a elevar los precios en determinadas zonas, especialmente en las más turísticas o costeras.
La pandemia de COVID-19, lejos de frenar esta tendencia, la ha intensificado y el auge del teletrabajo y la búsqueda de entornos más saludables, tranquilos y con acceso a espacios abiertos llevó a muchas personas a replantearse su estilo de vida y lugar de residencia. Gran Canaria se posicionó como una alternativa ideal frente a grandes ciudades saturadas y con un coste de vida más alto. Esta transformación en las prioridades vitales de miles de personas que nos han explicado los vendedores de Nordicway tuvo un impacto directo en la demanda de vivienda, disparando las operaciones de compraventa a partir de 2021 y consolidándose en los años siguientes.
A esta presión de la demanda se suma una oferta limitada, puesto que el crecimiento urbanístico en la isla está condicionado por la propia geografía, las políticas de protección medioambiental y las restricciones del planeamiento urbanístico. Estas limitaciones hacen que no sea posible construir libremente en cualquier zona, lo que dificulta un aumento significativo del parque inmobiliario disponible, especialmente en áreas con alta demanda como Las Palmas de Gran Canaria, San Bartolomé de Tirajana o Mogán. Como resultado, la escasez de suelo y vivienda nueva genera un desequilibrio que repercute directamente en el precio.
Otro factor determinante ha sido la inversión inmobiliaria con fines turísticos, ya que muchos propietarios adquieren viviendas no para residir, sino para destinarlas al alquiler vacacional. Plataformas como Airbnb han convertido la explotación turística en una opción rentable y cada vez más extendida. Esta dinámica reduce el número de viviendas disponibles para el alquiler residencial tradicional, tensionando aún más el mercado y provocando que algunos compradores opten por adquirir inmuebles antes de que los precios suban más o las opciones escaseen aún más.
Por otro lado, las políticas monetarias expansivas de los últimos años, con tipos de interés bajos, facilitaron el acceso al crédito y abarataron las hipotecas, incentivando así la compra de vivienda frente al alquiler. Aunque recientemente se ha producido un endurecimiento en las condiciones financieras a raíz del temor al aumento de los tipos por parte del Banco Central Europeo, la inercia de la demanda y la expectativa de que los inmuebles mantendrán su valor han mantenido el dinamismo del mercado.
¿Qué otras islas canarias tienen tensionado el mercado inmobiliario?
Además de Gran Canaria, otras islas del archipiélago canario también presentan un mercado inmobiliario tensionado, siendo especialmente notables los casos de Tenerife, Lanzarote y Fuerteventura. Cada una de estas islas vive dinámicas similares que están provocando un fuerte aumento en los precios de la vivienda, tanto en venta como en alquiler, y una creciente dificultad de acceso a la vivienda para la población local.
Tenerife, la isla más poblada de Canarias, sufre una presión inmobiliaria muy intensa, sobre todo en zonas urbanas como Santa Cruz y La Laguna, así como en municipios turísticos del sur como Arona, Adeje y Granadilla de Abona. El auge del alquiler vacacional, la escasa promoción de vivienda pública y la especulación urbanística han generado un desequilibrio entre oferta y demanda. Muchos residentes denuncian que cada vez es más difícil encontrar vivienda asequible, especialmente para jóvenes y familias con ingresos medios o bajos.
Lanzarote ha visto cómo el auge del turismo y la compra de propiedades por parte de extranjeros ha elevado notablemente los precios. En municipios como Teguise, Yaiza o Arrecife, el alquiler de larga duración es escaso, ya que muchos propietarios optan por el alquiler vacacional. Esto ha llevado a una expulsión progresiva de residentes de zonas tradicionalmente accesibles, y ha provocado que incluso trabajadores del sector turístico tengan dificultades para vivir cerca de sus empleos.
Fuerteventura también está en el punto de mira por un mercado inmobiliario muy limitado y con precios al alza, especialmente en Corralejo, Caleta de Fuste y Morro Jable. La presión turística, combinada con un desarrollo urbano irregular y la falta de vivienda asequible, ha generado una situación de creciente tensión. Además, el número de viviendas en manos de no residentes, especialmente europeos, ha crecido, reduciendo aún más la disponibilidad para la población local.
En menor medida, otras islas como La Palma y La Gomera están empezando a mostrar señales de tensión, aunque más localizadas. En el caso de La Palma, los efectos del volcán en 2021 destruyeron una parte importante del parque de viviendas, lo que generó un déficit habitacional en algunas zonas. Por su parte, islas como El Hierro o La Graciosa, aunque menos pobladas, también sienten el impacto del turismo estacional en un mercado muy pequeño y con oferta limitada.