La intensidad de la vida cotidiana es cada vez más alta. Para afrontar el día se necesita aprovechar al máximo las horas del día. La vida laboral se convirtió en una búsqueda constante por ser felices. La hiperconectividad alimenta un deseo de éxito constante y genera una permanente sensación de frustración por no llegar a cumplir con las imposiciones sociales.
La cultura de la inmediatez genera un estado de alerta constante, como si existiera una amenaza constante. Este es un mecanismo de defensa natural, que prepara al ser humano para estar alerta frente a una amenaza inminente, no para que esté activo de forma permanente. A este fenómeno se le conoce como estrés crónico y refleja la forma en que una respuesta puntual de supervivencia se puede transformar en un problema de salud general. Como explica el Consejo General de la Psicología de España, esto se da porque el estrés sostenido, además de afectar al estado anímico, comienza a presentar síntomas somáticos como agotamiento muscular y alteraciones cardiovasculares o del sistema inmunitario.
Es posible aliviar el estrés crónico, pero para hacerlo se debe comprender primero su funcionamiento y la razón de por qué existe en el organismo. Esto se debe a que, cuando se percibe una presión externa, el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal se activa y libera pequeñas dosis de hormonas como el cortisol y la adrenalina. Con esas cantidades, el cuerpo se permite reaccionar ante los desafíos inmediatos. Pero si la liberación de estas hormonas se da de manera sostenida, el torrente sanguíneo puede sufrir una inflamación de bajo grado y generar tensiones musculares en distintas zonas del cuerpo.
La somatización del estrés
La zona craneofacial contiene un gran conjunto de terminaciones nerviosas y pequeños músculos. Por eso, cuando la tensión se acumula, las primeras zonas afectadas suelen ser la cabeza, el cuello y la cara. Cuando la tensión se hace crónica en esta área, se puede comprometer el flujo sanguíneo, lo que genera una sensación de cansancio persistente y afecta tanto a la capacidad de concentración como a la salud de la articulación temporomandibular (ATM).
Los síntomas de esta rigidez se pueden notar a partir de señales como el bruxismo (que es el hábito de apretar o rechinar los dientes), los dolores de cabeza y la fatiga ocular. Como explican desde Masajes La Latina, para aliviar el estrés acumulado en esta zona, la intervención del masaje craneofacial profesional ayuda a desactivar la respuesta de alerta del sistema nervioso, ya que, al trabajar sobre los puntos de presión de la cara y el cuero cabelludo, relaja la musculatura cervical y mandibular. Además, esta técnica ayuda a bajar las pulsaciones, permitiendo que los tejidos fasciales mejoren su oxigenación.
La ciencia de la relajación: El nervio vago y la oxitocina
Los masajes en la cabeza no resultan eficaces tan solo porque ofrecen un alivio muscular, sino que tienen una causa neurológica concreta. Esta es que, gracias a todas las terminaciones nerviosas que se encuentran en el cráneo y la cara, este tipo de masajes estimulan el nervio vago, que es el encargado de enviar señales de calma al corazón, los pulmones y al sistema digestivo. Al reducir las señales de huida o lucha, que son propias del sistema simpático, se potencian el descanso y la digestión, lo que ayuda a que el cuerpo entre en un estado de recuperación celular.
Por otro lado, el contacto físico que se genera con el masaje genera una liberación de oxitocina, que es conocida como la «hormona del bienestar». Esta hormona ayuda a contrarrestar los efectos del cortisol y mejora el humor. Además, ayuda a reducir el dolor de las migrañas crónicas y las contracturas de cuello causadas por mantener una postura fija frente al ordenador.
Cuidados básicos para reducir la tensión diaria
Las terapias con masajes no son la única forma de aliviar el estrés. De hecho, si se desea evitarlas antes que aparezcan, la mejor opción es mantener una serie de hábitos que favorezcan la salud del cuerpo. Estos hábitos pueden ser tan sencillos como practicar la relajación muscular progresiva o el control de la respiración. Ambos ejercicios están comprobados como herramientas que reducen la activación del sistema nervioso.
También es muy importante prestarle atención a la nutrición. Si se consume demasiada cafeína o azúcares, sobre todo cuando se tiene un ritmo de trabajo alto, se estimula la respuesta de ansiedad. En cambio, si se busca una dieta que aporte los nutrientes necesarios para el desgaste diario, como recomienda la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), se ayuda a que el organismo regule mejor las demandas de energía y estrés.
El descanso y la arquitectura del sueño
La vida moderna está quitando tiempo real de descanso. La constante presencia de pantallas y la contaminación lumínica inhiben la síntesis de melatonina, que es la hormona reguladora de los ciclos circadianos, es decir, la forma en que organizamos el sueño.
Si no se tiene un buen descanso, el cerebro no podrá activar el sistema glinfático, encargado de limpiar los residuos metabólicos que se acumulan durante el día. En este sentido, la Sociedad Española del Sueño advierte que si no se duerme la cantidad de horas necesarias al día, el cuerpo se vuelve más vulnerable al estrés y se reduce la capacidad de respuesta cognitiva.
La conciencia corporal y el control del estrés
Para mantener un ritmo saludable, sobre todo en la actualidad, es necesario estar atentos a los límites que hay que poner, ya sea a las demandas externas o a las exigencias personales. Se debe ser disciplinado con el cuidado del cuerpo y la mente, comprendiendo que la salud va a ir variando en función a las decisiones que se tomen en la cotidianeidad.
Para ello, es importante atender diariamente tanto la dieta nutricional como el ritmo del sueño, siendo siempre conscientes de las posibles señales que el cuerpo envía cuando se produce una sobrecarga de estrés o tensiones y actuar rápidamente para regularlas.
Las exigencias de la vida moderna pueden llevar al cuerpo al límite. Para evitarlo, es tarea de cada uno saber cuándo parar y tomar un descanso para relajarse y bajar la tensión.